Esculturas
de
Susana Fanizza Guarini
La Familia
La escultura La Familia, de Susana Fanizza, nos invita a detenernos un instante y mirar algo esencial: el vínculo que nos une. Un hombre, una mujer y un niño forman un pequeño universo lleno de silencios compartidos y gestos que hablan. No hacen falta palabras para entender lo que sucede: el padre observa con calma, la madre acompaña con ternura, y el niño avanza, curioso, hacia lo que vendrá. El metal cálido, casi vivo, captura ese instante cotidiano que, al mismo tiempo, es eterno.
Hay algo en la forma en que se miran que conmueve. La obra está pensada desde lo simbólico, sí, pero no se aleja de la vida real. La composición triangular transmite estabilidad, unidad. Nos recuerda que la familia —en cualquiera de sus formas— es ese primer lugar donde aprendemos a ser cuidados y a cuidar. Y el niño, al centro, es futuro y movimiento: es todo lo que queremos proteger y todo lo que proyectamos.
El material, resistente y noble, refuerza la idea de permanencia. Y la luz, que de noche se posa sobre las figuras, hace que brillen como si respiraran. No hay rigidez en sus posturas: hay pausa, hay diálogo, hay amor contenido. Fanizza no idealiza, representa. No exagera, sugiere. Nos deja ver lo profundo en lo simple, lo esencial en lo cotidiano.
Ubicada en una de las entradas al barrio Dalvian, esta obra no solo da la bienvenida a quienes llegan, también ofrece un mensaje: en medio del tránsito y las urgencias, la familia sigue siendo refugio, raíz y horizonte. La Familia no es solo una escultura; es un recordatorio silencioso de que lo importante está —muchas veces— justo al lado nuestro.
Las Tres Gracias
En esta versión moderna de Las Tres Gracias, Susana Fanizza Guarini reinterpreta el mito clásico desde una mirada contemporánea. Con formas estilizadas, rostros ausentes y texturas contrastantes, la obra transmite unidad, energía y elevación espiritual. Su lenguaje plástico combina tradición y abstracción, invitando a una lectura universal y emotiva.
Ubicada en Dalvian, Mendoza, esta escultura en bronce se integra al paisaje urbano como un hito artístico y símbolo de armonía. Las tres figuras unidas en lo alto evocan la fuerza colectiva y la conexión con lo superior, haciendo del arte público una experiencia sensible y transformadora.
El Ángel Guardián
Con una presencia imponente y etérea, El Ángel Guardián es una escultura contemporánea de acero inoxidable que fusiona modernidad, espiritualidad y protección. Su diseño abstracto evoca alas abiertas, un cuerpo central estilizado y un halo simbólico, creando una figura que custodia el entorno con serenidad y fuerza.
Ubicada en una fuente luminosa del corazón urbano de Mendoza, esta obra dialoga con el cielo, el agua y la arquitectura. Más que una escultura, es un símbolo colectivo de vigilancia y resguardo, que transforma el paisaje cotidiano en un espacio de contemplación y sentido.